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Artículos

El Cristo del seguimiento es el Jesús crucificado.

El proyecto y misión de Jesús es inseparable de sus actitudes personales. Proseguir las actitudes, la misión y el proyecto de Jesús lleva irremediablemente a compartir su destino en este mundo. La causa de Jesús sigue la suerte de su persona. Está vinculada a él. Su mensaje es su vida. Se trata de Jesús que pasa por la Pascua.


 


Seguir a Jesús es reproducir su destino conflictivo, ponerse en situación de debilidad, de persecución, exponerse a la marginación en una sociedad donde todavía predomina el poder del pecado manifiesto en tantas estructuras. El seguimiento de Jesús crucificado implica estar dispuesto a pagar el precio de cargar con las "cruces" que se derivan de compartir su vida y misión.

 

La crucifixión de Jesús tuvo causas históricas. Fue la consecuencia de su mensaje y de sus acciones. Jesús de Nazaret fue ejecutado en cumplimiento de una condena a muerte de cruz.

 

Si Jesús hubiera sido simplemente un conformista y sumiso, no lo habrían crucificado. Pero la anunciar la gracia incondicional del Padre, se enemistó con los partidarios de la justicia de la ley; al hacerse amigo de los pobres y pecadores, se hizo enemigo de sus enemigos; al anunciar al Dios misericordioso, se ganó el rechazo de los piadosos. Jesús se convirtió en un peligro por proclamar con su vida el Dios del amor, acogedor de todos y liberador de los oprimidos. Se convirtió en un peligro para los que ejercían el poder absoluto. La cruz de Jesús es la consecuencia de su misión mesiánica.

 

La cruz pertenece al seguimiento, pero no es el objeto directo. Es consecuencia del seguimiento creativo de las actitudes de Jesús: serán las cruces del amor, que hace vulnerable y expone al sufrimiento; las cruces de los testigos del Dios del amor y de la vida en un mundo de los ídolos del poder y de la muerte; las cruces de la opción por los pobres; las cruces de la esperanza mientras dura el tiempo de la espera, de la revelación de la presencia de Dios en el mundo.

 

Jesucristo sigue llamando a compartir su vida y su destino. Quien se sienta invitada al seguimiento de Cristo en la vida religiosa tiene que contar con un positivo entusiasmo por compartir la vida de Jesús. Es menester dejarse cautivar por Jesús. El seguimiento es cuestión de enamorados. Estamos llamadas a vivir como él vivió para luchar por la causa por la que él luchó, murió y resucitó.

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