Corazón en el lenguaje humano es una palabra generadora, portadora de un inmenso contenido y con poder de evocación. "Corazón de Jesús" es una expresión que ha atravesado la vida cristiana por mucho tiempo. Corazón de Jesús: todo el amor de Jesús el Cristo, hombre y Dios, enviado del Padre por el Espíritu Santo que se ofrece para darnos vida, para nuestra salvación, y que con cada una de nosotras establece una relación personal.
"El Hijo de Dios con su encarnación, se ha unido con todo el ser humano, trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, amó con corazón de hombre" (G.S. 22).
Este don que Dios Padre nos hace en Jesús es nuestra salvación, la de todos los seres humanos. Las relaciones del hombre y la mujer con Dios quedan transformadas por completo. La gran novedad de la nueva alianza es el amor del Corazón de Jesús y el amor que viene a despertar en cada en cada persona.
Jesús es definido por su amor. El evangelio de San Juan eleva el amor expresamente en los sentimientos del Corazón de Jesús, avivando así el amor de correspondencia. El Nuevo Testamento nos habla de una nueva relación amorosa del Dios que se encarna en Jesús. Una palabra que certeramente, con más profundidad y calor humano se aproxima a una definición de Jesús es su "corazón". La rica personalidad de Jesús aparece en otras muchas páginas de los evangelios y del Nuevo Testamento. Pocos son los pasajes bíblicos en que no se transparenten algunos de los rasgos interiores en su corazón. Los signos exteriores, sus palabras, la vida toda de Jesús, tal cual se nos propone en los evangelios no son plenamente comprensibles ni comprendidos en todo su profundo significado más que si son leídos desde su corazón.
El P. Salinero, SJ, fundador de las Religiosas del Apostolado del Sagrado Corazón de Jesús, escribía a sus religiosas: "Al hablar del Corazón de Jesús, quien dice Corazón, dice amor; y quien dice amor de Jesucristo, quiere decir amor grande, inmenso, como es el que este Corazón tiene a las criaturas".
Todo cuanto Jesús hace y dice en cualquier momento de su vida es más plenamente percibido, nos da la medida completa de su ser interior, de su infinita coherencia divina-humana, persona plenamente entregada a la misión recibida del Padre. Y es precisamente en este plano interior de la persona de Jesús al que importa llegar a través de sus palabras y sus obras. No se puede sintetizar en una palabra todo el conjunto de sus valores que vislumbramos en su persona. No hay ninguna otra expresión que mejor sugiera "la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, que supera todo conocimiento" (Ef. 3,18). El mismo Jesús ha querido descubrirse en sus más profundos sentimientos, ha apelado al lenguaje más comprensible: "aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón" (Mt. 11, 29).
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