La personalidad fascinante de Jesús atrae y quien recibe la llamada es sorprendido por esta inquietud que el mismo Señor pone en su corazón. Seguir a Jesús implica una seria decisión, ruptura radical con la situación sociológica anterior, perdida de la seguridad cotidiana, dejar atrás otros planes, dejar a los padres y familiares, etc. Se trata de entregar la vida. Un paso como este sólo puede darse desde una poderosa motivación, desde un hallazgo de algo que subjetivamente pesa más de lo que se abandona.
El seguimiento de Cristo Jesús es la idea clave donde nace la relación entre Jesús, el maestro y sus discípulos; el seguimiento a Jesús determina la relación de comunión de vida, de misión y de destino entre Jesús y los suyos. En esta experiencia está clara la dependencia de una persona, el estar a su servicio y apropiarse de sus actitudes y estilo de vida.
Dios llama a Ezequiel, sacerdote de Jerusalén, el hombre de la esperanza en el corazón de la deportación de sus hermanos. Su vocación es también una llamada que le sobrecoge, le pone de pie y le hace oír la Palabra que debe anunciar a sus hermanos. El hace una descripción de la manifestación inicial de Dios: "la mano de Yahvé se posa sobre mí" (Ez. 1, 3-28).
Hacia la mitad del siglo VII antes de Cristo, el Reino de Israel aparece rico y muy próspero.La pequeña propiedad ha ido desapareciendo y las riquezas se concentran en unos pocos ricos, mientras otra parte el lujo de unos pocos insulta la miseria de los pobres. En este contexto será llamado el profeta Amós.
La profunda experiencia de Dios del profeta Isaías está datada históricamente: "El año que murió el rey Ozías, vi al Señor..." (Is. 6, 1), es el año 740. En la sala más interior del templo (donde se encuentra el arca de la alianza) no hay más que la presencia divina. El templo es el lugar donde la presencia de Yahveh se hace sentir.